El primer lugar común que se me ocurre al verte es suponer que el paraíso está entre tus piernas; eso lo pienso cuando sigo el vuelo de tu falda mientras giras y preguntas si está demasiado corta pero no respondo porque la espalda desnuda y los labios fruncidos y tu piel, pálida como el azúcar que jamás le pongo al café, y entonces la sombra que tienes atada en los tacones de doce centímetros desaparece y es que se ha apagado la luz de la habitación porque ya es hora de irnos. Y subimos al taxi y bajamos frente al bar y caminamos sobre la acera -aún mojada por la lluvia vespertina-. y buscan tu nombre entre las reservaciones y nos llevan a una mesa en la zona de fumar. Y todos beben excepto yo que lo he dejado hace unos meses, y todos bailan incluso yo, que no tengo ritmo pero que igual intento seguirlo mientras fumo y te observo y pienso que desnuda debes ser fascinante porque no eres exuberante ni tan delgada y tampoco eres alta pero tampoco tan pequeña, entonces sin ropa seguramente eres muy estética, e imagino que llevas unos bóxer un tanto masculinos en el corte pero de encaje o de seda o con algún detalle muy femenino porque así eres, una mezcla curiosa, un tanto de tomboy y mucho de sensualidad inconsciente (o al menos así te muestras, como si no te importara como si no lo supieras), y casi todos lo notamos, incluso el barman de brazos completamente tatuados y con barba larga y ocho piercings que prepara ese trago con vodka y no se que más pero que es rosado o anaranjado y que bebes despacio mientras hablas de Bruselas y de San Sebastián y de Arizona, y alguien te toma una foto y otra y no recuerdo sí hoy es tu cumpleaños o es mañana o fue ayer pero aquí estamos, celebrándolo y bailamos más y cuando voy al baño me ofrecen una línea pero ya no consumo ni tampoco éxtasis ni ácidos pero de vez en cuando fumo mota porque me relaja. Y es bueno verte, verte bonita como la última vez, como casi siempre excepto cuando te enojas (que aún así te ves linda pero no tanto como hoy). Y ha comenzado a llover de nuevo y quisiera saber que piensas en este momento y que sientes desde hace tiempo y a dónde irás después, para saber si deseo que se termine la lluvia para irnos juntos o si quiero que se mantenga para que nos quedemos aquí, aunque estén ellos que no los conozco tanto pero no me desagradan aunque si he de ser sincero, siento que sobran.

Me alejo de la mesa para fumar porque sé que te molesta el humo. Veo de nuevo al dealer del lugar, que sigue moviendo la merca con aparente consentimiento de los meseros y el gerente. Y las rubias y las morenas y los extranjeros y los hipsters y los universitarios y las ejecutivas y los publicistas, todos asumiendo sus propios clichés y entonces apago el cigarro y te tomo por detrás y bailo suavemente contigo, sintiendo cómo te descontrola eso pero también parece agradarte y ¿Qué otra cosa podría hacer, además de esto? Giramos y siento tu aliento y no entiendo lo que susurras en mi oído pero es una sensación deliciosa, sentirte tan cerca y escuchar tu acento deslizándose por mi cuello aunque no comprendo qué dices aunque por tu sonrisa entiendo que debo reír y lo hago y lo haces y pienso en todas las veces que hemos estado así y jamás hemos cruzado la línea, y si lo hemos hecho hoy podremos hacerlo otra vez y tal vez, no sé, quizá… Y recuerdo ese film francés que vimos una tarde en tu casa, completamente solos. Y que de alguna manera terminamos abrazados en el sofá, cuddleando cómodamente y siendo muy honesto tuve ganas de poner la mano sobre tu cadera pero al final opté por no interrumpir el momento aunque hoy pienso que debí hacerlo pero en ese instante no me sentí confiado, algo raro y nuevo en mi pero que (casi) siempre me sucede contigo excepto hoy, que permito que tu cuerpo se deslice entre mis dedos y que mis labios se acerquen cada vez más a los tuyos, de esa forma premeditada y de apariencia inocente que tu dominas y que he aprendido al grado de estarlo haciendo contigo. Y el patrón de tu vestido se combina con la luz estroboscópica y el efecto es hipnótico e intuyo que mañana despertaremos juntos y quizá el fin de semana que sigue también y el que sigue no pero el otro sí, y de pronto nos veremos siendo, juntos, y despertando todos los días y tendremos un erizo al que llamaremos Mozz y escucharemos vinilos de Happy Mondays y de INXS y también de Groove Armada y bailaremos descalzos sobre el piso de duela del departamento que rentaremos, de techos altos y muebles vintage, donde colgarán cuadros de nuestros amigos y algunos que compraremos en bazares y galerías, y sonará la tetera y tomaremos mate para después salir a caminar hasta que nos encontremos con la noche y regresemos a casa para coger y abrazarnos y charlar y volver a coger o no, simplemente quedarnos dormidos. Y entonces me descubro pensando todo eso y me pregunto en qué momento comencé a vernos y pensarnos así, si hace tanto tiempo que no nos veíamos y recién regresas a la ciudad y yo vivo solo y así me siento bien, y jamás me han gustado los erizos ni tengo vinilos de INXS pero aquí estoy, formando una imagen y cuando te busco a lo lejos y sonríes sé que he perdido las reservas y que hoy es la noche, hoy es el día. Y todas mis adicciones pasadas y todas mis falsas creencias desaparecen en este momento, y creo pienso siento que debería pasar, que es el destino y que está bien; no creo en el karma pero tampoco en las casualidades, y es que si algo aprendí al usar drogas durante tantos años es que en el universo todo está conectado, en perfecto orden, y si algo aprendí al dejar de usarlas es que existe una fuerza superior que nos guía y manda señales a través de muchos medios: el tarot, los horóscopos, las sincronicidades como las llamaba Jung. Después de rehabilitarme hace unos meses comencé a meditar, y eso me ha llevado a meterme en la metafísica, en el budismo, en los secretos del cosmos y he conseguido liberarme de las ataduras terrenales para ser dueño de mi ser, este avatar humano en tránsito por el mundo, producto de tantas reencarnaciones y el cúmulo de energía que he recogido en ellas. Libre para creer en la arquitectura divina sin religiones ni sustancias mundanas que controlen mi vida, viviendo el destino como me guían las estrellas.  Y si mal no recuerdo eres Capricornio, y mi signo, Tauro, empata perfectamente con el tuyo. Así que vuelvo a la mesa y bailo otra vez y te beso y respondes y sabes mejor de lo que siempre pensé, tus labios saben a frutos rojos y tu cadera se balancea suavemente y todo desaparece y cuando abro los ojos estamos descalzos en tu departamento y el vestido está en tus pies, frente a mis jeans y prendiste unas velas con olor a manzana y en las bocinas se escucha Miles Davis, muy bajito, lo que me permite oír tu respiración acelerada cuando te llevo a la habitación y termino por desnudarte y, efectivamente, eres poesía eres estéticamente inquietante pero lo mejor es tu boca y la calidez entre tus piernas y la forma que tienes de gemir, suave, en mi oído, y la mirada y te mueves y me subes y me bajas y te subo y bajo y toda la habitación se transforma en un océano iracundo que lentamente va llegando a la calma, cuando la pasión decanta en suavidad, en un íntimo reconocer.
Después de la conversación sobre lo que acaba de suceder, dormitas sobre mi pecho. Miro la decoración de tu cuarto, a media luz: un espejo inmenso, maquillajes y tu laptop cerrada, bolsos en una silla  y centauros, muchos cuadros de centauros, la mayoría con torso de mujer. Pienso. Deduzco. Trato de recordar. Tomo mi teléfono, evitando despertarte con los movimientos, y busco en internet. Según las fechas, tu signo zodiacal es Sagitario. Incompatible con el mío. Fuck. Tengo que salir corriendo de aquí.

Leave a Comment