– Odio cuando te pones así.

– Odio cuando me haces ponerme así. (Porque siento esta ráfaga violenta del amor despedazándose, y todos los recuerdos agitándose desesperados por permanecer como un presente, como lo que hasta hoy es y ha sido nuestra historia: siendo sin ser pero existiendo de alguna manera).
– ¿Ahora yo tengo la culpa?
– Nunca dije eso. (Porque no pienso en eso, porque veo un todo, un todo que son nuestros momentos entrelazados de manera circular como los pétalos de algo que de manera cursi describiría como una rosa -y que hoy sería una guirnalda de vergüenza porque si, soy el peor de los adictos pero el mejor de los bebedores pero no es todo lo que soy o al menos no lo era-, pero que en realidad es amor -pero no quiero usar esa palabra, entonces diré que es una flor-, y es tu indiferencia lo que la ha marchitado y a veces la riego con alcohol que termino vomitando en la calle, ensuciándome la camisa y golpeando el auto contra los muros del estacionamiento, completamente perdido e inconsciente, tratando de olvidar que para ti prácticamente no existo, y cada miligramo de droga es como una espina que al pincharme me produce un extraño placer pero que termina doliéndome y jodiéndome, y entonces me miro en el espejo del elevador y sé que te prometí que no volvería a suceder pero no puedo evitarlo no quiero evitarlo porque no puedo soportar la distancia que has puesto y entonces me alejo y me disuelvo en cada uno de mis vicios, con miedo de hablar porque sé lo que dirás, y porque a pesar de estar no estamos y hoy no sé nada de ti porque ya no quiero saber nada de ti mucho menos si estas feliz lejos de mi. No quiero saber dónde estás ni con quien, ni la música que escuchas ni a quien le insinúas cosas como solíamos hacerlo nosotros, en nuestro código que se ha quedado sin oxígeno. Y justo hoy nos atrevemos a respirar juntos pero ambos sabemos que estas aquí sin estar, desde hace mucho).
– Te pedí que me entendieras, que esto era un… una etapa, un momento complicado, donde tengo que estar concentrada en mi. Lo siento, pero así es y espero o esperaba que pudieras entenderlo.
– Y lo entendí, ¿no? (“El mundo cambia cuando dos se miran y se reconocen”, escribió Octavio Paz, pero me dejaste ciego, y ese majestuoso universo nuestro construido a tu medida, a tus deseos, de forma secreta, como haría un maharajá para su bailarina imperial -en lo cual estuve de acuerdo-, hoy se ha desvanecido o al menos no tengo acceso, y aunque tiendo un ridículo puente de suspiros ya no hay una orilla hacia donde cruzar).
– Sí, y lo siento si esto te ha lastimado, te prometo que jamás ha sido mi intención.
– Supongo. (¿Y qué hago con esas noches vacías, con esa incertidumbre, con esas velas de soledad que iluminan mi alma en tu ausencia? Si te dices el mar ¿cómo esperas una ola de perdón? Con o sin intención me has dado la peor de las condenas, asesinándome despacio con cada molécula de indiferencia. Me has dado en el lugar dónde más me duele y lo sabes y quizá hasta lo planeaste así, dejarme así, sin un final claro sin un final real, sin un final a la altura de lo que yo pensé era importante para ambos. Tal vez mis demonios dejaron de ser tu paraíso y finalmente te irás deslumbrada por las alas de un ángel que cumpla tu estereotipo o quizá solo volverás entera a donde siempre has pertenecido, lejos de mi, que no te merezco que no estoy a tu altura que nunca lo estuve y solo fui un gracioso y perverso juego).
– No te pongas así. No es tan así, tan negativo como crees.
– ¿Entonces cómo es? Porque lo único que sé es que ya no estamos juntos.
– Yo no he dicho eso ni quiero eso. ¿Tu sí?
– ¿En verdad me vas a hacer esa pregunta? ¿Tu, a mi? Por favor, no seas condescendiente que no lo necesito.
– No estoy siendo condescendiente. Solo creo que deberíamos hablar de lo que espera cada uno de esta relación antes de decidir algo.
– Yo creo que ya tomaste una decisión, y por mi está bien. (Pero acerca tu mano, tócame, no le des la espalda a nuestra historia. No te vayas).
– Vaya, parece que ya diste todo por perdido ¿no? Tu amiguita estará feliz…
– Digamos que lo acepté hace tiempo. Y no, no hay ninguna “amiguita”, no empieces con eso porque en todo caso es al revés. (¿De qué manera en este puto mundo podría desear esto? Sentirme despedazado, desplazado, marginado de ti y de tu historia y de tu vida y de tus labios y tus palabras. ¿Cómo carajo crees que podré levantarme de esto si lo único que quiero es estar cerca de ti, hasta el ultimo latido de mi corazón? Con nadie más, solo contigo. No hay nadie más no habrá nadie más: tienes esto que soy, por completo. Esto que dejas es lo que soy, esto que soy es lo que queda).
– ¿Cómo? ¿Qué aceptaste?
– Me parece innecesario que sigamos con esta farsa. Sabes a lo que me refiero.
– No, dime. Dime qué se supone que aceptaste porque yo no he tomado ninguna decisión ni he dado por terminado nada. Entonces dime ¿qué aceptaste?
– ¿Te lo repito, una vez más? Ya estoy cansado de decírtelo. (Y de sentirlo al terminar el día, después de leerte o escucharte, fría, tratándome como si fuera un extraño, y hoy, cubiertos con el manto del atardecer -tal vez el último juntos-, estas palabras se convierten en un juego de sombras sin sentido. Porque fueron tantas noches, tantas risas, tantas mañanas, tantos obstáculos, tantas sonrisas, tanta piel y tanta pasión, tantos problemas, tantas historias, tantos momentos, tantos besos, tantos orgasmos, tantas palabras, tantos intentos de equilibrarnos, tantos deseos, tantas cosas nuevas, tantos años… ¿Cómo podría hacerlos a un lado? ¿Cómo puedes hacerlos a un lado).
– Dímelo otra vez, por favor.
– No.  (Aquí y ahora, alto y claro, grande y fuerte: estoy despedazado. Estoy hecho mierda. No sé si hay alguien más en tu vida, no sé si se terminó la pasión o fueron demasiados años, no sé si este secreto no tiene más espacio o simplemente decidiste no tenerlo más contigo, no sé si decidiste enfocarte en algo más pero mi corazón o esto que llaman alma está hecho pedazos, y a veces tengo ganas de llorar como si fuera un colegial que pierde a su primer amor, porque eres el mas grande que he tenido y ya no sé vivir sin ti, no entiendo cómo hacerlo, no sé cómo hacerlo y no sé si quiero hacerlo).
– O.k., así no vamos a llegar a ninguna parte. ¿Podemos hablarlo?
¿Para qué? ¿Para qué me digas que estoy mal, que “no es tan así? No, gracias. Me quedo como estoy. (Hecho mierda. Con las vísceras expuestas, con cada uno de mis huesos desnudos diciendo: No te vayas).
– Bueno, si tu lo prefieres así… lo siento, pero entonces no puedo hacer nada.
– Exacto. (Acerca tu mano,  estoy solo a un paso de ti pero siento que me alejo a la velocidad de la luz y que me pierdo, y te veo cada vez mas pequeña y sonriendo, y necesito beber algo fumar algo o dejar de ser o dejar de estar porque tu estás dejando de ser y de estar y ¿de que forma, en este mundo, pude haber deseado esto?)
– ¿Entonces?
– ¿Entonces? Nada. (Nunca quise estar en este momento, a punto de separarme de ti, en mil pedazos).
– ¿Es lo que quieres?
– Si, es lo que quiero. (No es verdad; quiero estar cerca de ti hasta el último latido de mi corazón).
– O.k., tu lo decidiste.
– Si eso te sirve…  (¿De qué manera en este mundo podría desear esto?)
– O.k.
– O.k. (Nunca quise estar en este punto, separándonos de una forma tan simple, tan absurda, pero a la vez sé que había pasado hace mucho tiempo y que lo de hoy es solamente un trámite, ese que no quería, exactamente como no quería que sucediera. Y aunque ya había pasado antes, hoy siento que no hay marcha atrás, porque tu ego está desbordado y no puedo ni quiero luchar contra él,  ni contra esos “lo siento pero todo mundo me conoce ahí y no nos pueden ver juntos” y “lo siento, ayer se me complicó, pero yo puedo este día”, “los siento, tengo prisa”, “no eres no fuiste no serás”. Y el silencio. Y los falsos celos. Y las suposiciones. Y los juegos de poder. Y los vacíos. Y tu mundo tan cuidadosamente armado de manera perfecta donde soy una debilidad o un pecado o un extranjero o una escena que prendes y apagas con un switch. Y el amor, ¿dónde quedó el puto amor, la puta pasión, la puta inmensidad, el puto destino, las putas palabras, las putas miradas, el puto amor y la ternura y los abrazos y los besos y la piel y todo ese puto universo que construimos juntos, sin más intención que vivir su inmensidad y perdernos en ella y encontrarnos en ella? Necesito fumar necesito beber necesito salir necesito explotar necesito olvidar necesito de ti necesito tomar necesito escapar te necesito y necesito dejar de hacerlo hoy, ahora; necesito un final, necesito saber que termina y que no volverás y que no te esperaré como lo hice tantas veces sintiéndome el más imbécil de los enamorados, sintiéndote a la distancia mientras tu estás feliz sin pensarme ni recordarme porque no soy nada no soy nadie no existo no estoy no fui no seré y nada más queda excepto este dolor y estas ganas de acabar con el pulso de este amor que ni siquiera inicié ni planeé ni busqué ni quise pero que se convirtió en lo más grande que me pasó y que ya no estará más y todo pierde sentido en este instante…)
– ¡Suerte!13
– Bye. (Hasta el último latido de mi corazón)
THIS USER IS OFF LINE.
ARE YOU SURE YOU WANT TO DISCONNECT? (Hasta el último efímero latido de mi corazón).
 
*Inspiración & re.mix: La Tumba India, José de la Colina, 1984.
Soundtrack: “The last beat of my heart”, Siouxsie & The Banshees
Esta historia emplea la letra completa de la canción, original de Steven Severin & Siouxsie Sioux

Leave a Comment