Verás, la cosa estuvo más o menos así: llegamos con tiempo de sobra al aeropuerto, es más, nos dio tiempo de tomar un café y hasta para que Adriana comprara una máscara de El Santo para su pinche hermano hipsterdemierda. Estábamos despidiéndonos, justo antes que ella cruzara la aduana, cuando me la soltó:

-Necesitamos ver a otras personas- dijo, sin más, a dos putos minutos de irse hacia su pinche país.
Obviamente me quedé frío, cabrón, porque no la esperaba. No intuí nada ni en el check in de LAN, ni en la puta tienda del Santo, ni en el pinche Starbucks, ni en el estacionamiento ni durante el camino; tampoco me dio pistas la noche anterior, a lo mejor porque estaba hincada y con las manos detrás de la espalda sujetas con unas esposas falsas, chupándomela como solo ella sabe,  aunque seguramente la cabrona lo planeo así güey, para sacarme de onda completamente y es que en serio, no lo vi venir ni esa noche ni los días ni semanas ni meses anteriores.
No supe qué contestarle. Me pidió que lo pensara, me dio un beso en la mejilla y un abrazo y se largó, meneando el culo. No mames. Me quedé así, cabrón. En shock. En puto shock. ¿Qué iba a pensar durante dos semanas? Obviamente, tratar de adivinar con quién estaba cogiendo. Atar cabos, buscar algún motivo (aunque nadie me podría sacar de la cabeza que seguro Adriana estaba tirando con alguien más), y lógicamente, tratar de contactarla para que me explicara qué pedo, ¿no? Porque no mames, no entendí ni madres. Ni cómo ni por qué.
Contrario a lo que pensé en ese momento, las dos semanas se fueron en chinga. Primero, porque tuve mucho trabajo en la agencia, y segundo porque le hice caso y empecé a ver a otras personas. De la chingada, eso sí. Liliana, la diseñadora nueva, terminó poniéndose de su parte: “es que cabrón, tu tienes colmillo y ella está chavita, ¿no? ¿Cuantos años tiene? ¿22? Dime, ¿qué tiene que hacer una vieja de 22 años con un güey de cuarenta y tantos? Va, le pagas la peda ¿y luego? Yo no andaría contigo, al menos no en serio”. A la verga. Apenas tengo cuarenta, que no me joda. Y con tres jäger ya estaba aflojando, así que no mame. Luego salí con Cristina. No chingues, reservé en el puto Shu y terminamos en un concierto de una putabandaindie en nosequeputolugar, con boletos de reventa -carísimos-, y ni ganas de seguirla, cabrón. De la chingada. Ah, también fui a cenar con Fernanda pero ya sabes, como que si y como que no y pues al final no y pues ni modo, tercer strike. Pero al menos supe que podía intentarlo, y eso me sirvió para… no sé, creo que me sirvió para algo. Para que pasara el tiempo rápido, supongo, no se.
En el inter, hablé una vez con ella por Skype. En chinga, porque obviamente la cabrona estaba ocupadísima viendo a su familia y a sus amigos. No supo explicarme bien el por qué. Que se sentía confundida, que necesitaba tiempo, que nosecuantamamada pero me juró que no había otra persona y quedamos de platicar cuando volviera. Medio le creí, medio no le entendí porque cada 2 minutos se caía la conexión y pues, eso, quedé de recogerla cuando volviera y me clavé trabajando y fumando y puñeteándome el resto del tiempo.
Su vuelo llegaba el sábado a eso de la una y media de la tarde, lo cual me daba chance de salir el viernes, ponerme hastamiputamadre y crudear a gusto hasta el mediodía, y de ahí levantarme, darme un baño y lanzarme por ella. Y pues eso hice, el viernes me eché unos tragos con dos güeyes de la agencia en la Roma y de ahí nos jalamos a un antro piterísimo pero con unos mezcales de nopinchesmames güey, baratos pero pegadores y bien nobles. Total que en eso andaba cuando a uno de estos pendejos se le ocurrió llamarle a su vieja y ya sabes, las amigas bien pinches nice y no mames, hueva. Lo chingón fue que al salir a fumar me encontré con el Turro, que ya estaba bien frito pero con ganas de seguirla así que a la verga, ni me despedí y me jalé con él. A todo esto era bien temprano todavía, como las 11, así que primero pasamos a mi casa a darnos un toque y de ahí al Patrick porque ese cabrón estaba necio con echar baile, aunque en realidad pienso que ya había estalqueado a su güey y sabía que iba a estar ahí. Hueva, también. Pero lo chingón es que su güey o ex-güey tiene buenos conectes y sacó unas grapas y puta güey, me valió verga el drama que armó le armó Turro y pues me quedé un rato. Esa era la idea, el subidón y a la chingada pero pues el pendejo de Turro conectó una fiesta en Polanco y pues cómo el culero se reconcilió (o eso pensé) con su ex-güey o bueno, su güey otra vez pues nos lanzamos los tres. No mames el pinche taxista iba sacadísimo de onda porque esos cabrones se pusieron a fajar en el asiento de atrás y no mames, todo el tablero lo tenía con santitos y virgencitas y no mames, no sabía para donde voltear y yo cagado de risa güey, pinches güeyes… total que llegamos y era una puta cena formal pero igual nos metimos y comimos y tomamos unos alcoholes y terminé platicando con una chica preciosa -pero muy pinche fresa- pero buen pedo pero un poco mamona -lógicamente, porque estaba buenísima-, y además era buenísima para el perico, así que nos metimos al baño y nos metimos unas rayas y salimos cagados de risa y el pendejo de Turro y su güey se habían largado hace rato, y yo ahí bien puesto bien tripeado con la chica fresa-pero-buen-pedo y pues mejor me salí al balcón a fumar, y ella le dijo algo a sus amigas (supongo que lo eran), y se cagaron de risa y me miró y me cerró el ojo y sentí que ya la había armado, así que me metí el puto whisky de un trago pero cuando salió a la terraza me llevaba otro, y se llama Liz, y estudia arquitectura, y le llevo como 10 años lo cual no es ni bueno ni malo porque ella ha viajado un chingo, y trabaja desde adolescente, y después de su güey intentó con una chica pero no resultó porque para ella las mujeres son solo un gusto, no una opción real y de eso hablábamos y de libros y películas mientras caminábamos por Masaryk, y ya estaban cerrando la mayoría de los bares y antros pero yo tenía las llaves de la agencia y pues caminamos unas calles más hasta llegar y antes de abrir pensé en besarla pero no sé, cómo que no iba por ahí en ese momento, o sea ella estaba prendidísima y hablando y me tocaba el brazo, pero de pronto pero no había esa… digamos, esa conexión, ¿sabes? Ese clic, esa magia, ese vibe, ese feeling. Entonces no, me aguanté y entramos, y en mi oficina tenía unas grapas y nos la metimos en chinga y la cabrona comenzó a husmear y encontró la botella de aguardiente que me trajo Adriana en el viaje pasado, y le llegamos así, al seco y directo de la botella. Nos la bajamos mientras le contaba nosecuantamamada y Liz, así se llama, Liz -que estaba eufórica y prendida y puso música y comenzó a bailar-, se le ocurrió husmear ahora en su bolso y encontró unas anfetas pero no nos metimos ninguna pues aun era temprano, y ya estábamos prendidos y con ganas de más alcohol así que fui al seven por unas chelas y unos condones porque pensé qué, valiéndome verga, me la iba a coger ahí mismo sobre el escritorio y pero cuando llegué la cabrona ya había apagado y ordenado todo (hasta eso), y me dijo que tenía hambre y ya estaba amaneciendo cuando paró el taxi y le pidió que nos llevara al restaurante El Lago que obviamente estaba cerrado, así que nos tiramos a tomar cervezas en el pasto, platicando de cine y música mientras los putos deportistas de mierda nos miraban con cara de asco, y de ahí no recuerdo mucho, solo que el puto sol me despertó, y Liz estaba discutiendo con un tipo que resultó ser el capitán de meseros de el pinche restaurante y pues como era de esperarse, no nos dejaron entrar. Liz estaba encabronada y decía que iba a llamar a nosequién pero la convencí de irnos de ahí, así que caminamos alrededor del lago, tomados de la mano, y así, caminando, nos terminamos las cervezas, y de alguna manera que aún no tengo muy clara de pronto estabamos en un puto bote con forma de cisne, con el puto sol a todo en la jeta, a la mitad del puto lago con una puta hambre infernal. Se cagó de risa cuando le mostré los condones, y me cagué de risa cuando me confesó que hasta ese momento estaba en el dilema si yo era puto o pendejo porque no había intentado cogérmela, y en eso estábamos cuando puta madre, ya eran las 11:30 y casi tenía que irme por Adriana, y puta madre, mal momento para intentar algo pero aún así le di un beso en la mejilla y otro en la frente y le aseguré que no era puto pero si un poco pendejo, y entonces cerró los ojos y se acurrucó en el ala del cisne y entonces me puse a remar hasta el embarcadero, y después de recoger mi IFE fuimos a buscar un taxi -hasta Prado Sur-, y aunque parecía estar despierta en realidad Liz estaba completamente anulada, así que fui a dejarla a su casa en la Cuauhtémoc, y al llegar tuve despertarla y obligarla a recordar el número de su departamento, y subirla cargando por las escaleras hasta el segundo piso, y ayudarla a abrir la puerta -saqué las llaves de su bolso, y  pues aproveche para tomar ‘prestadas’ las anfetaminas-, y luego sentarla en el sofá y recordarle que cerrara con llave cuando me viera salir, y de ahí volver al taxi para llegar al aeropuerto a tiempo, lo cual conseguí e incluso con un poco de tiempo de sobra así que me lavé la cara y las manos y vomité, y me tomé un espresso doble y un pan de chocolate y vomité de nuevo y me compre una camiseta con un pinche calendario azteca porque mi camisa olía a putero -lugar qué, curiosamente, no visité y no se me ocurrió hasta ese momento- y mientras el avión aterrizaba y Adriana se enfrentaba a la burocracia nacional me tomé un par de clamatos con vodka en nosequebardemierda,y me metí una anfeta para mantenerme despierto pero pura madre, porque cuando me senté en el suelo recargado en un pilar frente a la salida de los vuelos internacionales, me quedé dormido. Dormido güey. Ya sabrás…
Me desperté al sentir la tercera patada en mi pierna izquierda. Ahí estaba Adriana, encabronada y con un par de guardias detrás, diciendo mi nombre y otras cosas que no entendí porque estaba un poco aturdido pero, aparentemente, llevaban un buen rato tratando de despertarme. Vi las maletas, me paré apoyándome en la pared, la abracé, le di un beso en la mejilla y le dije que tal vez deberíamos dejar de ver a otras personas.
Solo sentí la segunda bofetada, y no alcancé a escuchar bien las mentadas de madre (porque seguramente me mentó la madre, entre otras cosas). Se alejó rápidamente por el pasillo, y uno de los guardias me preguntó si todo estaba bien. “Si mi capitán, todo bien” le dije, mientras continuaba viendo a Adriana desaparecer entre la gente. Entonces vomité de nuevo y supongo que ahí fue cuando me desmayé, y pues ya no recuerdo nada hasta que me despertaste.
Y a todo esto, ¿a ti por qué te tienen detenido?

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