Y te veo a través de la puerta abierta, recargada en la balaustrada de cantera de la terraza, unos metros más allá, en las manos de ese cabrón que te toca por encima del vestido negro —que se levanta un poco más mostrando la parte trasera de tus muslos, esa que me encanta lamer y que este imbécil está descubriendo por primera vez—, y siento este odio en el estómago y este fuego en la verga y entonces me miras, caliente, y vuelves a besarlo y a tocar su espalda y a acariciar sus brazos mientras él pone la pierna entre las tuyas y te frota y se frotan y el sudor y el beat house y sus dedos en tu espalda desnuda y tus dientes en sus labios y sus manos de nuevo en tu culo y recuerdo cuántas veces he tenido la cara sumergida en él y pienso en cuántas veces habrás estado con otro, con otros, con otras quizá, y bebo el resto de la botella de agua y la gente se agita se mueve y algunos saltan y otros también se acarician o solo se miran y beben y las luces caen sobre tus hombros y cuello que brillan por la saliva de él que hoy no es un otro sino él y sigues mirándome por momentos y sigo con la verga dura e incluso te tomo una foto, otra y el tipo me ve y le susurras algo y se ríen y mi verga esta más dura y entonces entras al salón repleto de gente transpirando y bailando y te acercas y me besas y de reojo descubro a esa gente mirándonos y pensando que eres una puta y que dios bendiga a las putas como tú, pienso y sé que también me miran pensando que estoy de la chingada que quizá soy un pendejo un cornudo un maldito marica y que dios bendiga a los cabrones como yo, que salen con mujeres como tú y se enamoran de mujeres como tú que tiran con idiotas como él. Y mientras acaricio tus nalgas siento la presión de la entrepierna del tipo que ya te mordisquea el hombro y parece creer que esto será un trío y la gente ha dejado de mirarnos porque ser swinger y tener un threesome ya no es inquietante como antes, cuando era la fantasía de todos los adolescentes que nos pajeabamos viendo porno en VHS. Pero no será de tres en este momento porque le susurras algo y se larga, palmeando mi hombro condescendiente o solidariamente o en agradecimiento o no sé cómo pero tampoco importa mucho. Y tu escote en V transpirado y lamo en medio de tus tetas y quizá no sea solo tu sudor sino también su saliva mezclada con la tuya y ahora la mía y a esta hora ya nadie se preocupa, ni los guardias ni los meseros ni los barman y bartenders ni la gente que sigue en lo suyo aunque sé que alguno de ellos estará tan caliente como nosotros, caliente de verte, de adivinar lo que hay debajo de tu falda y que ahora toco y siento húmedo, empapado, y el bóxer y tu coño que este cabrón también quiere probar porque ha vuelto con dos tragos adornados que sostengo para que, ahora a mi lado, continúen con este conocerse mutuo, con esta primera vez de dos desconocidos que han coqueteado desde que llegamos al lugar y lo miraste y me dijiste que querías jugar y entonces fingimos estar separados y caminaste a la barra y en menos de cinco minutos ya estaba ahí, conversando y haciéndote reír y rozándote y mirándote y seduciéndote e invitándote a beber lo mismo que él y en menos de 10 minutos ya estaban cerca, reconociéndose sutilmente con toques suaves de manos sueltas y diez minutos más tarde ya bailaban y se acercaban y de pronto te tomó de la cintura y tú pusiste las manos en su pecho, alejándolo pero sintiéndolo y deslizándolas para llegar a su abdomen plano, e hiciste todos los gestos que atrapan a cualquiera, como morderte el labio y agitar el pelo y tocarte las piernas mientras las caderas se movían a 127bpm de la rigurosa house musique y compartieron el siguiente trago y jugaron con el hielo y por fin se besaron y se fueron tocando más y más hasta que decidieron salir a la terraza, abierta por el calor primaveral. Yo, siempre testigo, siempre erecto, siempre caliente. Yo pensando cómo serás en cocaína cómos serás en ácido cómo seremos los dos con un él o una ella, lo cual hasta el momento no ha sucedido porque hasta hoy solo te has acostado con otros y me has contado cómo ha sido, susurrándome al oído lo bueno que fue y describiéndome todas las posiciones y formas y detalles y el tamaño de sus vergas mientras te cojo, mientras sudamos y jadeamos, mientras las sábanas se manchan de nuestros fluidos y mi departamento se inunda con tus ruidos y tus piernas y tus nalgas y tus tetas y tu cadera y tus lunares vuelven a ser míos. Y mientras él te acaricia dejo las bebidas en una repisa y me voy al baño y me cuesta orinar por la erección y pienso en masturbarme pero sé que eso le restará morbo al asunto y terminaré con el odio en el estómago, nada más, y querré irme y querré pensar que deberías ser solo mía y que no debería compartirte, a pesar de todo lo que me calienta que te caliente que te vea con otro y que coger después de esto va a ser animal, jodidamente animal. Qusiera una línea en este momento. Quisiera no desear escapar de esto. Desearía quererte más.

Y salgo y no están ahí, ni siquiera los vasos ni tu bolso. Y el mesero me dice que se han ido que han pagado la cuenta y pienso que quizá miente porque no ha pasado tanto tiempo pero tal vez el suficiente, y me quedo ahí, parado mientras asumo que el lugar se ha ido vaciando y que es lógico que hayan aprovechado ese momento para irse. Entonces me asomo por el balcón y los veo, caminando de la mano como si fueran una pareja, como si fueran esos que somos nosotros y eso me pone demasiado, me provoca demasiado; es una descarga de lujuria y furia al verlos besarse y reír y hablar y reír más y besarse mientras caminan y se pierden en la calle, entre la gente que va saliendo de los bares y restaurantes. Llevas en los hombros tu chaqueta y te abraza y me pierdo en lo que aún alcanzo a distinguir como la curva de tus pantorrillas y los tacones largos, que desaparecen en un instante. La brisa suave no alcanza a despeinarme pero está ahí, recordándome que me he quedado solo, así que me largo del lugar, tomándome todo el tiempo posible para no encontrarlos, caminando a comprar cigarros en la dirección opuesta y dando un largo rodeo para llegar al estacionamiento porque quién sabe, quizá ese güey ha estacionado en el mismo lugar o tal vez vive cerca o pidieron un uber o no sé, ya no sé porque al llegar te veo sentada en los escalones de un edificio contiguo al estacionamiento, sonriendo, con la chaqueta puesta y con los labios recién pintados de rojo. Y te pregunto. Dices que te gustó demasiado y que no, no te sentiste cómoda con eso. Cambiaron números, y aunque te quedaste con ganas de chupársela sientes que es mejor así. Hoy no. Y ofrezco la mano y la tomas y te levantas y me abrazas y me besas con suavidad y caminamos al estacionamiento donde pido el auto. El primer mensaje de whatsapp llega unos minutos después. Adrián, alcanzo a leer en la pantalla, antes que sonrías y guardes el celular sin responderle.
Dormiremos abrazados esta noche, entre vibraciones del teléfono y mensajes tecleados rápidamente; desearía no quererte tanto. Y en realidad fingiremos dormir abrazados esta noche y las que siguen hasta que suceda, y podamos descansar después de coger mientras susurras en mi oído cómo ha sido con él.

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