Baja la persiana sube la falda [a la izquierda una copa de vino y de lado derecho un cigarro a medio fumar]. No hay baile. No hay frenesí.

Primero fueron tus palabras escritas en bytes; luego tu voz. Sin imagen, sólo tu voz constante. Después llegaste a esta ciudad a este país a ese momento y yo no estuve ahí. Y te fuiste. Pero volviste. Y te vi, una mañana cualquiera en un lugar cualquiera y recuerdo ese instante porque entonces supe que existes. Y no sucedió.
¿Quién puta madre vino a tocar la puerta de nuevo? Estoy en la Cuauhtémoc o la Roma -da lo mismo-, y putas rayas pegan igual en cualquier lugar (en realidad no), suben y se enredan en esas pestañas largas sin nombre ni edad, pero ahí están, pero no estoy aunque debo equilibrar el c.o.r.a.z.ó.n. con la duda sin equilibrio, y todas las mentiras (beLIEve) y todo cae y brilla y sube pega golpea mi cabeza y caigo y resucitaré al tercer día bajo la sombra de la luna naranja, eclipsada… Inhala exhala inhala inhala inhala.
Pálida, de ojos inquietos y risa perversa. Entonces fuimos, llovía y al final se fueron todos, menos los dos. Quise probar tu boca -un poco en juego, un poco curioso, muy intoxicado y lejano-, pero no sucedió. Reímos y escuchamos algo que nos hizo bailar con frenesí por un momento y entonces llegamos a la realidad y me aburrí. Esa noche él aún estaba ahí; no era exactamente la primera vez pero sí la más cercana de esos extraños momentos alpha no deseados pero naturales y absurdos. Algunos decían, ellas decían, nosotros no porque no sucedió. Y construimos la frontera. Pero tu voz y tus piernas, tus labios y el cuello largo y tu blusa resbala y tu hombro derecho y de pronto roces y miradas, pero no sucedió. Diez, once, doce años de distancia y dos millones de años luz de ser y pertenecer al mismo ritmo. Tres cuatro cinco mil kilómetros. Pero una mirada, y tu voz. Y pienso: “Llévame, elévame. ¿Podrás llevarme alto? Lejos de las calles de morfina”. Fumé, te vi, me alejé, te escuché, te hablé, te miré, me alejé, los vi y escuché, te miré (detenidamente), te llevé, me alejé me alejé me reservé no te pensé ni sentí pero te vi. Y me fui.
Cierras la ventana abro otra botella; arriba el sol abajo el sol -que eclipsa la pureza y la ensucia predeciblemente del status quo-, y mi cordura sin tu locura al recuperar el ego de plástico fantástico. Y volteo y ella y ella o ella y ella, ellas, que están en mi beat; y el champagne y el mezcal y los painkillers y la magia y los viajes y los recuerdos y las historias pero tu, en cinco segundos me encuentras y deconstruyes -fugazmente- con tu voz y sonrisa aunque estés en tus bits muy lejos, realmente lejos de aquí. Tu indiferencia. Y fumo, me largo fumando. Y llegan las frases vacías alrededor del próximo asesinato de mi en ti, o al revés. Da igual: las putas rayas pegan de forma semejante en cualquier lugar de esta ciudad jodida. Podrías dar un paso para borrar la frontera; tendrías que cruzarla y buscarme detrás del diablo sin corazón y ahí encontrarás el infierno con sabor a cielo. Pero hoy no sucederá; seguimos fingiendo.
Tu foto, el pelo negro, la mirada perversa, los labios inquietantes. Vino y más vino. No, no sucedió.
Llévame, elévame. ¿Podrás llevarme alto? Lejos de las calles de morfina, del humo desenfocado. Gin & Tonic Vodka & Tonic fumo subo elijo pienso creo salgo camino camino hablo escojo niego salgo camino camino me voy no estoy no pertenezco. Humo. Ritmo. Pájaros alrededor en formaciones siniestras. Leo. Imagino. Escribo. Nada. No escribo. Re invento. No. Nada. Robo. Nada. Dibujos y lluvia, la carretera de Kerouac las calles de Ginsberg las putas de Bukowski la bala de Burroughs mezcladas y nada no hay nada que me haga recuperar la absurda cordura, ni fumar ni beber ni crear ni escribir ni pensar ni odiar.
Lejos. La plage. Humo. No veo nada a la distancia. Cerca. Lejos. Sincopado, humo. Enfoca. Estoy arriba de todo, debajo de nada, estoy con nadie arriba de todos, debajo de todos, soy nadie y no hay nada, excepto el mar y la playa pero están lejos muy lejos de mi. Aquí, el ruido. Se libera todo, se transforma en nada.
Desciendo en espiral. Causa y efecto. Quiero ser adorado, como esa puta canción. Llévame, sumérgeme. ¿Cuál es el sabor de tu coño el olor de tu coño el placer de entrar en tu coño? Quiero encadenarte a la cama. Destrozar tu indiferencia. Inhalar tus orgasmos una y otra vez. Ven. Rómpeme en 17 pedazos y engrapa los fragmentos al cielo gris de esta asquerosa ciudad con calles de morfina y alma kinky; nada de esto permanecerá cuando me asfixie en tu boca.
No sucedió. Monocromo. Todo, monocromático. Estático. Sin sentido.

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